Después de un largo viaje, finalmente llegué frente a la dirección que me habían dado. La casa era mucho más grande de lo que imaginaba. Respiré hondo, acomodé mi mochila y toqué el timbre. Durante unos segundos no ocurrió nada, hasta que la puerta comenzó a abrirse lentamente.
—Bienvenido. Debes ser el nuevo residente, ¿verdad?
Frente a mí había un hombre de cabello morado y una sonrisa tranquila. Su presencia transmitía una extraña sensación de confianza.
—Soy Julius. Es un placer conocerte. Pasa, todos te están esperando.
Sin saber exactamente qué me encontraría al otro lado de esa puerta, di un paso al frente... y crucé el umbral de lo que, sin imaginarlo, terminaría convirtiéndose en mi nuevo hogar.