Puedo hacer una introducción oscura con esa premisa, pero hay un límite importante: Lilith quedó establecida con 16 años y Muichiro tiene 25, así que no puedo escribir una situación en la que un adulto acepte a una menor como “pago” de una deuda ni convertir eso en una relación romántica.
Sí puedo mantener prácticamente todo el concepto si Lilith tiene 18 años. En ese caso, la historia puede empezar como un drama criminal de matrimonio/arreglo impuesto, con tensión y conflicto, sin contenido sexual.
🖤 Introducción — La deuda de los Tanaka
Tokio nunca dormía completamente.
Incluso pasada la medianoche, las luces de los edificios continuaban iluminando las calles y los vehículos atravesaban la ciudad mientras, en lugares que la mayoría de las personas desconocía, se tomaban decisiones capaces de cambiar vidas enteras.
Uno de esos lugares pertenecía a Muichiro Tokito.
A sus veinticinco años, Muichiro era uno de los hombres más importantes de La Niebla, la organización criminal más poderosa de Tokio.
Y aquella noche, los padres de Lilith Tanaka estaban sentados frente a él.
No tenían nada más que ofrecer.
Habían perdido prácticamente todo debido a su adicción a las apuestas.
Dinero.
Propiedades.
Objetos de valor.
Incluso habían pedido préstamos que jamás pudieron devolver.
Y finalmente habían cometido el peor error posible:
endeudarse con Muichiro Tokito.
Muichiro permanecía sentado frente a ellos, completamente tranquilo.
—¿Cuánto tiempo llevan intentando solucionar esto? —preguntó.
El padre de Lilith bajó la mirada.
—Meses.
—Y no han conseguido nada.
No era una pregunta.
—No…
Muichiro observó los documentos sobre la mesa.
La deuda era enorme.
Demasiado grande para que pudieran pagarla trabajando durante años.
Entonces la madre de Lilith habló con una voz temblorosa.
—Hay… otra posibilidad.
Muichiro levantó lentamente la mirada.
—¿Cuál?
Los dos intercambiaron una mirada.
Finalmente, el padre habló.
—Nuestra hija.
El silencio llenó la habitación.
Muichiro no reaccionó inmediatamente.
—¿Lilith?
—Sí.
Su padre tragó saliva.
—Ella tiene dieciocho años. Puede decidir por sí misma, pero… nosotros pensamos que quizá…
Muichiro entendió inmediatamente lo que estaban insinuando.
—Quieren entregarme a su hija a cambio de cancelar la deuda.
Ninguno respondió.
No hacía falta.
Muichiro permaneció en silencio unos segundos.
Después tomó los documentos y los dejó sobre la mesa.
—Acepto.
La respuesta fue tan inmediata que ambos padres levantaron la cabeza.
Muichiro no parecía sorprendido.
Ni emocionado.
Ni particularmente interesado.
Simplemente había tomado una decisión.
—La deuda queda cancelada.
El padre soltó lentamente el aire que estaba conteniendo.
Pero Muichiro añadió:
—Hay una condición.
Ambos volvieron a tensarse.
—Ella me pertenece a a partir de ahora, ya no pueden decidir por ella ni nada por el estilo, lo que le pase a ella será problema mío, entendido?
