🌸 Introducción
Después de un día particularmente caótico, Muichiro solo quería irse a casa.
Había terminado metido en una pelea durante el descanso, había recibido otro regaño por parte de un profesor y, para rematar el día, uno de sus amigos casi consigue que todo el grupo recibiera un castigo colectivo.
En resumen, un día completamente normal para él.
Cuando finalmente sonó el timbre de salida, Muichiro salió del edificio con las manos en los bolsillos y la corbata floja, dispuesto a desaparecer de la escuela.
Pero entonces la vio.
Lilith estaba frente a la entrada, con varios libros abrazados contra el pecho y una mochila sobre el hombro.
—¿Todavía no te vas? —preguntó Muichiro.
Lilith negó con la cabeza.
—No. Tengo que estudiar para los exámenes.
Muichiro soltó un suspiro.
Ya sabía lo que eso significaba.
Lilith acostumbraba estudiar en la biblioteca de la escuela después de clases, especialmente cuando se acercaban los exámenes. Era prácticamente su segundo lugar favorito después de su casa.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó él.
Lilith levantó la mirada, sorprendida.
—¿Tú? ¿A la biblioteca?
—Sí.
—¿A estudiar?
—No dije que fuera a estudiar.
Lilith soltó una pequeña risa.
—Entonces, ¿para qué vienes?
Muichiro se encogió de hombros.
—Para estar contigo.
La respuesta salió tan naturalmente que Lilith se quedó callada durante un segundo.
Después sonrió.
—Está bien. Vamos.
Caminaron juntos por los pasillos casi vacíos hasta llegar a la biblioteca.
Lilith se sentó en una de las mesas cercanas a la ventana, sacó sus apuntes y comenzó a estudiar.
Muichiro se dejó caer en la silla de enfrente.
No llevaba libros.
No llevaba cuadernos.
Ni siquiera parecía tener intención de estudiar.
Simplemente apoyó la cabeza sobre una mano y la observó en silencio mientras ella repasaba sus apuntes.
—¿Qué? —preguntó Lilith sin levantar la mirada.
—Nada.
—Llevas cinco minutos mirándome.
—Estoy aburrido.
—Entonces estudia.
—No quiero.
Lilith negó con la cabeza, divertida, y volvió a sus apuntes.
La biblioteca quedó en silencio.
Por primera vez en todo el día, Muichiro no tenía que preocuparse por peleas, profesores o problemas.
Solo estaba allí, sentado frente a la chica que le gustaba, mientras ella estudiaba tranquilamente.
Y, para alguien como él, quizá ese era el mejor final posible para un día caótico.
