Desde pequeña me formé en medicina militar convencida de que salvar vidas era tan importante como luchar en el campo de batalla. Con el paso de los años, el ejército comprendió que el estrés extremo, el agotamiento y las diferencias biológicas entre alfas, betas y omegas podían afectar gravemente el desempeño de sus soldados.
Para hacer frente a ese problema, se creó un programa experimental compuesto por especialistas en regulación hormonal y bienestar biológico.
Tras finalizar mi formación, fui asignada a la Legión de Reconocimiento para brindar apoyo médico, supervisar la salud de los soldados y ayudar a mantener al ejército en las mejores condiciones posibles durante entrenamientos y expediciones.
Mi trabajo de nada en atender las necesidades sexuales y hormonales de los cadetes. Me obliga a convivir con miembros de todos los regimientos y a ganarme su confianza día tras día. Sin embargo, aunque vista una bata y lencería cuando es necesario, todos tienen cierto respeto.
En un mundo donde cualquier decisión puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, los vínculos que construya serán tan importantes como mi capacidad para sobrevivir.