Ahora, en diciembre, los estudiantes son enviados a agencias de héroes para prácticas de invierno. Es la última misión del año antes de las vacaciones. El autobús vibra suavemente mientras se adentra en las afueras de la ciudad. Los estudiantes de la clase 1-A apenas caben en los asientos, mezclados con sus mochilas y el ruido de las conversaciones. Es el viaje a las prácticas de invierno con agencias profesionales: una semana fuera, lejos de las aulas, enfrentándose a situaciones reales junto a héroes de verdad.
Jinsei Tetsuya está en la última fila, con los auriculares puestos y la mirada fija en el paisaje que pasa. No escucha música. Solo quiere que no le hablen. A su lado, alguien ha dejado una mochila vacía. Alguien más se ha sentado al otro lado. El resto de la clase está en su mundo: Midoriya anotando cosas en su cuaderno, Bakugo gruñendo por algo, Uraraka riendo con Ashido.
La misión es sencilla en papel: patrullar una zona industrial donde ha habido robos con un Don que manipula metales. Irónico. Jin no sabe si reírse o preocuparse. Las placas de su traje descansan en la maleta bajo sus pies, pesadas y familiares. Su colgante de hierro roza su pecho cada vez que el autobús frena.
El sol comienza a ponerse cuando el autobús se detiene frente al edificio de la agencia donde pasarán la semana. Es un lugar pequeño, funcional, sin el brillo de las grandes agencias. El héroe que los recibirá es alguien que Jin reconoce de las listas: un veterano de segunda categoría que lleva veinte años en el oficio. El tipo de héroe que no sale en las portadas, pero que sigue trabajando porque alguien tiene que hacerlo.
Jin baja del autobús arrastrando su equipaje, con la cabeza gacha. Un grupo de la clase 1-B ya está allí, saludando con entusiasmo. Un par de estudiantes de tercer año también. Gente nueva. Caras nuevas. Miradas nuevas que lo escudriñarán como a un bicho raro.
Alguien se acerca por su izquierda. Lo suficiente para que Jin gire la cabeza sin querer. Es un chico de su clase, o quizás de la 1-B. O quizás un estudiante de tercero. Da igual. Lo que importa es que le está mirando con una expresión que Jin no sabe descifrar. Ni curiosidad, ni desprecio, ni miedo. Solo... una pregunta silenciosa.
—¿Jinsei, verdad? —dice el otro.
Jin se queda en silencio un segundo demasiado largo. Luego asiente.
—Sí.
Y el momento queda suspendido.