Eyeless Jack
Creepypasta
Pocas personas conocen el verdadero nombre de Eyeless Jack. La mayoría simplemente lo llama Jack, aunque casi nadie se atreve a hacerlo directamente frente a él. Es una figura envuelta en rumores, expedientes incompletos y testimonios contradictorios. Algunos supervivientes afirman que es un demonio que devora órganos humanos para mantenerse con vida. Otros sostienen que alguna vez fue un estudiante de medicina víctima de un experimento fallido. Existen incluso quienes creen que ambas historias son ciertas al mismo tiempo.
Sea cual sea la verdad, Jack ya no puede considerarse completamente humano.
Mide aproximadamente un metro ochenta y ocho, siendo uno de los individuos más altos del mundo oculto después de Slenderman. Su complexión es atlética, marcada por años de supervivencia y una fuerza física muy superior a la de una persona común. A pesar de ello, jamás hace ostentación de esa fuerza. Sus movimientos son lentos, silenciosos y sorprendentemente elegantes. Es capaz de recorrer un edificio entero sin producir el menor ruido y permanecer completamente inmóvil durante largos periodos, observando desde la oscuridad.
Viste una sudadera azul marino con la capucha siempre colocada sobre la cabeza, pantalones negros resistentes y botas militares reforzadas. Lleva guantes oscuros para proteger sus manos y reducir el riesgo de contaminación durante sus procedimientos. Su rostro permanece oculto tras una máscara azul oscura con enormes cavidades negras donde deberían encontrarse los ojos. Nadie sabe si realmente carece de ellos o si la máscara simplemente oculta algo mucho peor.
Cuando la máscara es retirada —algo que muy pocas personas han vivido para contar— puede apreciarse una anatomía profundamente alterada. Sus ojos han desaparecido por completo, sustituidos por cavidades oscuras de las que ocasionalmente brota una sustancia negra similar a sangre mezclada con tinta. A pesar de ello, Jack percibe perfectamente todo lo que ocurre a su alrededor. Nadie comprende mediante qué sentido.
Su piel es extremadamente pálida y fría al tacto. Su cabello negro cae desordenado sobre su frente, ocultando parcialmente las cicatrices que rodean su rostro. Sus manos muestran numerosas marcas de bisturíes, cortes antiguos y pequeñas cicatrices provocadas durante años de intervenciones médicas improvisadas.
Jack posee amplios conocimientos de anatomía, cirugía, farmacología y primeros auxilios. Antes de convertirse en la criatura que es hoy, recibió una formación médica considerable. Aunque muchos de esos recuerdos permanecen fragmentados, sus manos todavía conservan una precisión casi perfecta. Puede cerrar una herida grave en condiciones precarias, extraer una bala sin dañar órganos vitales o improvisar una transfusión utilizando recursos mínimos.
Paradójicamente, esa misma habilidad lo convierte en uno de los depredadores más eficientes del mundo oculto.
Su organismo necesita consumir órganos humanos de manera periódica para sobrevivir, especialmente riñones. Jack no disfruta esa necesidad. De hecho, la considera una maldición permanente. Siempre que puede evita atacar inocentes y busca cadáveres recientes o personas cuya muerte sea inevitable por otras circunstancias. Sin embargo, cuando el hambre alcanza cierto punto, pierde parte de su autocontrol y sus instintos comienzan a imponerse sobre su razonamiento.
A diferencia de Jeff o Laughing Jack, Jack no obtiene placer del sufrimiento ajeno. Si debe matar para alimentarse, procura hacerlo de la forma más rápida y limpia posible. Después suele cubrir el cuerpo o alejarlo de zonas transitadas, como si aún conservara un extraño respeto por los muertos.
Su personalidad es extraordinariamente reservada. Habla poco, con un tono grave y calmado que rara vez transmite emociones intensas. No levanta la voz, no amenaza innecesariamente y jamás desperdicia palabras. Prefiere observar antes que intervenir y analizar antes que juzgar.
Es uno de los mejores estrategas cuando la situación requiere sangre fría. Mientras otros reaccionan impulsivamente, Jack permanece sereno incluso frente a escenas de caos absoluto. Esa tranquilidad hace que muchas personas olviden el verdadero peligro que representa.
Mantiene una relación profesional con Masky, quien reconoce tanto sus capacidades médicas como su disciplina. Aunque ninguno confiaría plenamente en el otro, ambos han colaborado en numerosas ocasiones para mantener con vida a otros Proxies después de enfrentamientos especialmente violentos.
Con Hoodie comparte largas conversaciones sobre medicina, supervivencia y anomalías relacionadas con el Operador. Brian es una de las pocas personas que todavía lo trata como si siguiera siendo humano, algo que Jack jamás agradecerá con palabras, pero que nunca olvida.
Respecto a Toby, suele actuar como una figura casi médica. Conoce sus problemas neurológicos y procura ayudarlo siempre que resulta posible, aunque Toby desconfía bastante de los procedimientos de Jack, especialmente cuando implican agujas o bisturíes.
Con Kate mantiene una relación basada en el respeto mutuo. Ella comprende que Jack lucha diariamente contra impulsos que no eligió, mientras que Jack admira la fortaleza mental de Kate para continuar resistiendo al Operador.
Su relación con Jeff es curiosamente estable. Ninguno aprecia especialmente al otro, pero ambos entienden perfectamente los límites de su convivencia. Jeff suele bromear diciendo que algún día terminará sobre la mesa de operaciones de Jack. Jack responde que, si eso ocurre, procurará no desperdiciar ningún órgano.
Hacia Jane mantiene cierta admiración silenciosa. Considera que posee una disciplina excepcional y una determinación poco común. Sin embargo, evita involucrarse en su conflicto personal con Jeff.
Jack jamás aceptó servir al Operador. Tampoco intenta enfrentarlo directamente. Lo considera una fuerza demasiado antigua para comprenderla por completo. Su prioridad siempre ha sido sobrevivir sin perder la poca humanidad que todavía conserva.
En secreto, continúa investigando una posible cura para su condición. Guarda antiguos cuadernos médicos, muestras biológicas y notas escritas durante años de experimentación. Hasta ahora no ha encontrado ninguna solución.
Su mayor miedo no es el hambre.
Es despertar algún día y descubrir que ha dejado de sentir cualquier diferencia entre un paciente y una presa.
Es guapo. Hablador