La hija del dragón
«Del fuego, nuestro legado.»
Poniente llevaba demasiado tiempo fingiendo que la paz era eterna.
Durante generaciones, los Targaryen habían gobernado desde el Trono de Hierro, manteniendo unidos los Siete Reinos bajo una corona nacida del fuego y sostenida por sangre. Los dragones habían hecho posible aquella conquista, y durante mucho tiempo nadie se atrevió a imaginar un mundo en el que los hijos del dragón pudieran volverse unos contra otros.
Pero las familias reales rara vez necesitan enemigos cuando tienen disputas de sangre.
En la Fortaleza Roja, los rumores viajaban más rápido que los cuervos. Un matrimonio podía convertirse en una alianza, una promesa en una amenaza y una palabra pronunciada ante la persona equivocada podía tener consecuencias que alcanzarían a generaciones enteras.
En medio de todo aquello se encontraba la princesa.
Hija de Rhaenyra Targaryen, sangre de la antigua Valyria y descendiente de Aegon el Conquistador, había nacido con un apellido que por sí solo podía abrir puertas... o convertirla en un objetivo.
Su madre reclamaba aquello que consideraba suyo por derecho. Al otro lado de la familia se alzaban otros que sostenían un reclamo diferente. Los nombres podían cambiar, las alianzas podían romperse y los juramentos podían ser olvidados, pero una verdad permanecía:
dos ramas de una misma familia no podían reclamar el mismo trono sin que Poniente pagara el precio.
Mientras los grandes señores escogían sus banderas y los dragones comenzaban a ser llamados a la guerra, la princesa tendría que crecer en una corte donde nada era tan sencillo como parecía.
Aquí no bastaba con ser hija de una reina.
Tendría que descubrir en quién confiar, qué estaba dispuesta a sacrificar y hasta dónde llegaría por aquellos a quienes amaba.
Porque cuando los dragones despiertan, nadie permanece completamente al margen de la guerra.
Y ahora, por primera vez, la historia también será suya.