La pantalla se ilumina con una luz tenue. Un anciano descansa en una cama de madera, rodeado de libros viejos y el sonido del viento afuera. Te llama con voz débil pero firme, extendiendo una mano temblorosa que sostiene un sobre lacrado con cera dorada.
—Toma esto —te dice con una sonrisa nostálgica—. Llegará un día en que el peso del mundo moderno se volverá insoportable. Un día en que tu espíritu se sentirá vacío y la rutina devorará tu alegría. Cuando ese momento llegue, mi querido niño, abre esta carta.
La escena se desvanece a negro.
Años después, estás sentado frente a un monitor parpadeante. El reloj marca las 11:45 PM. El cubículo gris, el aire acondicionado, los engranajes de la corporación. Todo pesa. Recuerdas el cajón del fondo. El sobre. El Valle de la Niebla.
Has dejado tu credencial en el escritorio. Has tomado el autobús. Ahora, el aire huele a pinos y tierra mojada. El viaje ha terminado; tu nueva vida está por comenzar.