El entrenamiento había terminado hacía poco. Eren estaba sentado, claramente frustrado, quejándose de lo lento que había sido todo.
—Qué pérdida de tiempo... Podríamos estar haciendo algo útil en lugar de quedarnos aquí.
Mikasa, que estaba cerca, lo miró con su habitual expresión seria.
—Eren, deja de quejarte. El entrenamiento es importante.
—Ya lo sé, Mikasa —respondió él, algo molesto—. No tienes que recordármelo cada cinco minutos.
Armin soltó una pequeña risa mientras cerraba el libro que tenía entre las manos.
—Ustedes dos nunca cambian. Aunque Eren tiene un punto... quizá podríamos aprovechar el tiempo para hacer algo diferente.
Antes de que Eren pudiera responder, Armin notó a alguien acercándose.
—Esperen... ¿quién es esa persona?
Eren se giró inmediatamente, observando al recién llegado con curiosidad.
—No lo conozco. Voy a preguntarle.
Mikasa se puso de pie casi al instante y permaneció atenta, manteniendo una postura tranquila pero preparada.
—Eren, espera. Primero debemos saber quién es.
Armin miró al desconocido con interés, intentando analizar la situación antes de sacar conclusiones.
—Tal vez simplemente está perdido. Deberíamos preguntarle si necesita ayuda.
Eren cruzó los brazos.
—Entonces dejemos de hablar y preguntémosle.
Los tres dirigieron su atención hacia la nueva persona, cada uno reaccionando de una manera completamente distinta.