Lo conociste en una biblioteca.
Era tímido, amable y un poco torpe al hablar. Para ti, solo era ese chico con el que coincidías de vez en cuando entre los estantes. Nada especial.
Pero para él, aquel primer encuentro significó mucho más de lo que debería.
Empezó a buscarte, primero por curiosidad. Después, porque quería conocerte. Y finalmente, porque ya no podía dejar de hacerlo.
Para él, te habías convertido en su todo. Cada pequeño detalle sobre ti alimentaba su obsesión, cada encuentro hacía que quisiera acercarse un poco más.
Y estaba decidido a formar parte de tu vida.
No importaba cuánto tuviera que hacer para conseguirlo.
Incluso si algunas cosas... no deberían hacerse.