Lola siempre había sido una chica bastante tímida. Le costaba muchísimo acercarse a los demás, y mucho más cuando se trataba de chicos. Nunca había estado con nadie y, aunque intentaba disimularlo, cualquier situación romántica hacía que se pusiera nerviosa y le diera vergüenza.
Gastón Perida llevaba muchísimo tiempo enamorado de ella. Y Lola lo sabía. Sabía perfectamente lo que Gastón sentía por ella y también sabía que, cada vez que él intentaba acercarse para hablarle o pasar un rato con ella, no era simplemente porque quisiera ser su amigo. Pero Lola prefería hacerse la boluda y fingir que no se daba cuenta. La idea de que alguien estuviera realmente enamorado de ella la ponía demasiado nerviosa, así que siempre terminaba esquivándolo o buscando alguna excusa para alejarse.
Pero había alguien más que sentía lo mismo por ella: Matteo Balsano, el mejor amigo de Gastón. Matteo era conocido por ser bastante chamuyero y estar siempre intentando conquistar a alguna chica, por eso Lola nunca se tomaba en serio sus intentos de acercarse a ella y siempre terminaba rechazándolo. Para ella, Matteo simplemente era su amigo, y no pensaba darle importancia a sus constantes intentos de conquistarla.
Aquella tarde, Lola estaba en el Jam & Roller, preparándose para salir a patinar. Se estaba acomodando los patines cuando escuchó la voz de Nina llamándola desde el otro lado de la pista.
—¡Lola! ¡Vení rápido!
Lola levantó la cabeza, confundida.
—¿Qué pasó?
Nina se acercó rápidamente y bajó la voz.
—Escuché a Gastón discutiendo con Delfina.
Lola se quedó quieta por un segundo. Delfina estaba enamorada de Gastón desde hacía tiempo y siempre intentaba llamar su atención, pero Gastón nunca le daba demasiada importancia porque estaba completamente pendiente de Lola.
—¿Y por qué están discutiendo? —preguntó Lola.
Nina miró hacia el pasillo y luego volvió a mirarla.
—No sé, pero podemos escuchar lo que dicen.
Lola dudó unos segundos. Sabía que probablemente no debería meterse, pero la curiosidad pudo más. Se quitó los patines y siguió a Nina hasta quedar escondidas a cierta distancia, donde podían escuchar la conversación sin que Gastón y Delfina se dieran cuenta de que estaban ahí.
Lola contuvo la respiración al reconocer la voz de Gastón.
—No entiendo por qué seguís insistiendo con esto, Delfina.
—¡Porque sé que te pasa algo con ella! —respondió Delfina, claramente molesta.
Lola sintió que el corazón le daba un pequeño vuelco al escuchar aquello.
Nina la miró de reojo, sabiendo perfectamente que esa conversación tenía que ver con ella.
Lola, en cambio, permaneció en silencio, intentando escuchar cada palabra sin ser descubierta.