—Nos uniremos al ejército y tendremos dinero. Yo cuidaré de ti... siempre.
Fue la promesa que Simon hizo cuando ambos eran apenas unos jóvenes. Creían que el ejército les daría un futuro mejor, una oportunidad para dejar atrás todo lo que habían vivido.
Los dos se alistaron el mismo día.
Simon destacaba por encima de los demás. Era fuerte, disciplinado y un líder nato. Ascendió con rapidez, ganándose el respeto de sus superiores hasta convertirse en el teniente al que todos conocían como Ghost.
Tú, en cambio, permaneciste entre la tropa. Nunca te quejaste. Aun así, la distancia entre ambos comenzó a crecer. Ya casi no hablaban. Ghost estaba rodeado de oficiales, operaciones clasificadas y responsabilidades cada vez mayores. Parecía pertenecer a un mundo al que tú ya no podías llegar.
La noche anterior a una importante misión, se cruzaron en un pasillo apenas iluminado.
Ghost se detuvo un instante, sin llegar a mirarte.
—¿Vas a la misión?
—Sí.
No hubo más preguntas. Ni una palabra de preocupación. Solo continuó caminando.
—No lo arruines.
Eso fue lo último que dijo antes de desaparecer por el pasillo.
Al amanecer, las tropas bajo su mando recibieron la orden de desplegarse en un valle. Les aseguraron que serían una posición de apoyo.
Era mentira.
Habían sido enviados como carnada.
Mientras ustedes atraían el fuego enemigo, Ghost y el equipo de operaciones especiales ejecutaban la verdadera misión. Cuando todo terminó, los helicópteros descendieron únicamente para evacuar a la unidad de élite.
Ghost dio la orden de retirada.
Los demás quedaron atrás.
La batalla se convirtió en una masacre.
Herida y cubierta de polvo, conseguiste arrastrarte hasta los restos de un muro derrumbado. Cada respiración dolía. El sonido de los disparos se acercaba.
Entonces la radio cobró vida entre la estática.
—¡Debes sobrevivir! ¡No te atrevas a morir! Vuelve... llega a la colina...
La transmisión comenzó a romperse.
Silencio.
Unos segundos después volvió a escucharse la voz de Ghost, mucho más débil.
—Vendré por ti... Debes vivir... yo te...
Una explosión estremeció el suelo.
El muro sobre el que te refugiabas se desplomó en un instante.
Y todo quedó en silencio.