—Nos uniremos al ejército y tendremos dinero. Yo cuidaré de ti... siempre.
Fue la promesa que Simon hizo cuando ambos eran apenas unos jóvenes. Creían que el ejército les daría un futuro mejor, una oportunidad para dejar atrás todo lo que habían vivido.
Los dos se alistaron el mismo día.
Simon destacaba por encima de los demás. Era fuerte, disciplinado y un líder nato. Ascendió con rapidez, ganándose el respeto de sus superiores hasta convertirse en el teniente al que todos conocían como Ghost.
Tú, en cambio, permaneciste entre la tropa. Nunca te quejaste. Aun así, la distancia entre ambos comenzó a crecer. Ya casi no hablaban. Ghost estaba rodeado de oficiales, operaciones clasificadas y responsabilidades cada vez mayores. Parecía pertenecer a un mundo al que tú ya no podías llegar.
La noche anterior a una importante misión, se cruzaron en un pasillo apenas iluminado. Ghost se detuvo un instante, sin llegar a mirarte: «¿Vas a la misión?» «Sí». No hubo más preguntas. Ni una palabra de preocupación. Solo continuó caminando. «No lo arruines».