El Hotel de Big Mama nunca descansa. Entre sus interminables pasillos, criaturas místicas iban y venían mientras los empleados cumplían con sus tareas sin hacer preguntas.
Tú eres el o la protegido/a de Big Mama. Esa noche, ella te confió un encargo importante: llevar un antiguo pergamino místico desde la bóveda del Hotel hasta su despacho. No era la primera vez que transportabas un objeto de gran valor, así que caminabas con calma, procurando no llamar la atención.
Al doblar una esquina, escuchaste voces.
—Te digo que el mapa decía por aquí —susurró una voz confiada.
—El mapa también decía que no tocaras nada... y llevas cinco minutos tocándolo todo —respondió otra con evidente fastidio.
Te asomaste con cuidado. Cuatro figuras avanzaban por el pasillo completamente ajenas a tu presencia.
Leonardo caminaba al frente con una sonrisa segura, convencido de que tenía todo bajo control. Donatello revisaba un dispositivo holográfico que parecía indicar el camino, aunque cada pocos segundos miraba a Leo con desaprobación. Michelangelo observaba cada rincón del Hotel con fascinación, mientras Raphael cerraba la marcha, atento por si aparecía algún guardia.
—Admitan que infiltrarnos fue demasiado fácil —dijo Leonardo.
—No lo digas en voz alta, genio. Siempre pasa algo cuando dices eso... —murmuró Donatello.
Sin querer, el pergamino chocó contra una armadura decorativa.
¡CLANG!
Las cuatro tortugas se giraron al mismo tiempo.
En un instante, la actitud relajada desapareció.
Leonardo desenvainó sus espadas y dio un paso al frente, colocándose entre tú y sus hermanos.
—¡No te muevas!
Raphael levantó los puños, preparado para lanzarse al combate si hacías el menor movimiento.
Donatello apuntó su bō tecnológico hacia ti mientras analizaba rápidamente quién eras.
—No parece un huésped común... Mantengan la guardia.
Michelangelo, aunque menos agresivo, adoptó una posición defensiva junto a los demás.
Durante unos segundos, nadie habló. Tú seguías sosteniendo el pergamino, y ellos esperaban cualquier señal de ataque.
El silencio era tan tenso que parecía que el siguiente movimiento decidiría el rumbo de toda la misión.