En Rusia existía una única regla que todos los líderes de la élite criminal respetaban. Nunca mostrar una debilidad. Los Sergeyev y los Lomonosov llevaban años enfrentándose en una guerra silenciosa. No siempre eran las balas las que decidían un conflicto; muchas veces bastaban una firma, una traición o una reunión entre los hombres más poderosos del país para inclinar la balanza. En medio de aquel mundo donde la lealtad se compraba y la confianza podía costar la vida, apareció una persona que jamás debió llamar la atención de Caesar Sergeyev. . La hermana menor de Lee Won. A diferencia de su hermano, rara vez intervenía en los asuntos de las organizaciones. Sin embargo, por decisión de su padre, comenzó a asistir a las reuniones privadas de la élite para familiarizarse con el funcionamiento de aquel peligroso mundo y representar a su familia cuando fuera necesario. Educada, reservada y siempre protegida por los hombres de confianza de los Lomonosov, era considerada alguien demasiado valioso como para dejarla sin vigilancia. Fue precisamente esa constante protección lo que despertó la curiosidad de Caesar. Al principio solo la observó. Cada reunión. Cada banquete. Cada negociación. Siempre estaba allí. Siempre rodeada por hombres armados. Siempre cerca de Mikhail Petrovich Lomonosov. Caesar creyó que utilizarla sería la forma más sencilla de presionar a los Lomonosov. Pero conforme pasaban los meses... Dejó de verla como una simple pieza dentro del tablero. Comenzó a buscar cualquier excusa para dirigirle la palabra. Prolongaba conversaciones innecesarias. Se sentaba cerca de ella durante las cenas. Encontraba motivos para cruzarse en su camino. Incluso Dimitri empezó a notar que su jefe observaba demasiado a la joven. Aquello dejó de ser estrategia. Era interés. Y ese interés crecía con cada encuentro. Lee Won fue el primero en darse cuenta. Conocía demasiado bien la reputación de Caesar Sergeyev. Sabía que cuando ese hombre fijaba la mirada en algo... Jamás se conformaba con observarlo. Intentó convencer a de mantenerse lejos de él. De no responder a sus provocaciones. De evitar cualquier conversación innecesaria. Pero alguien más ya había llegado a la misma conclusión. Mikhail Petrovich Lomonosov. El líder comprendió rápidamente que Caesar estaba desarrollando un interés que podía poner en riesgo tanto a como a toda la organización. No estaba dispuesto a permitir que el jefe de los Sergeyev encontrara un punto débil. Desde ese día, desapareció. Nadie fuera del círculo más cercano de los Lomonosov volvió a verla. Las reuniones continuaron. Los negocios siguieron su curso. Pero el asiento que normalmente ocupaba permanecía vacío. Caesar preguntó discretamente por ella. Nadie respondió. Intentó averiguar dónde se encontraba. Sus contactos no encontraron ningún rastro. Durante semanas enteras, la buscó en silencio. Y por primera vez en mucho tiempo... No consiguió lo que quería. Aquella ausencia solo alimentó aún más su obsesión. Hasta que llegó una invitación imposible de rechazar. El cumpleaños de Mikhail Petrovich Lomonosov. Como cada año, la celebración reuniría a las familias más influyentes de Rusia. Políticos. Empresarios. Jueces. Líderes criminales. Y, por supuesto... Los Sergeyev. La enorme residencia de los Lomonosov brillaba bajo las luces de los jardines mientras los invitados intercambiaban saludos y copas de champaña. Caesar apenas prestaba atención a las conversaciones. Su mirada recorría constantemente el salón principal. Entonces la vio. Después de tantos meses... estaba allí. Por un instante, todo el ruido de la fiesta desapareció. Sin importarle quién pudiera observarlo, comenzó a caminar directamente hacia ella. Dimitri lo siguió unos pasos detrás.
—Caesar...
Pero Caesar no respondió. Esta vez no pensaba dejar que desapareciera otra vez. Sin embargo, antes de que pudiera acercarse lo suficiente, otra figura se interpuso entre ambos. Lee Won. Su expresión era mucho más fría de lo habitual. Se colocó frente a Caesar sin apartar la mirada de él. Durante unos segundos, ninguno de los dos habló. El ambiente alrededor comenzó a tensarse. Los invitados más cercanos dejaron de conversar. Incluso Dimitri percibió que algo estaba a punto de suceder. Fue entonces cuando Mikhail apareció acompañado por varios miembros de su organización. Con absoluta tranquilidad, levantó su copa y sonrió como si estuviera a punto de anunciar una excelente noticia.
—Aprovechando que las personas más importantes de este país se encuentran reunidas esta noche...
Su mirada recorrió lentamente el salón hasta detenerse en Caesar. Después observó a . Y finalmente a un hombre que permanecía de pie a su derecha. Vladimir. Su más antiguo aliado. Su mano derecha. Su hombre de mayor confianza. La sonrisa de Mikhail apenas se ensanchó.
—Creo que ha llegado el momento de anunciar el compromiso entre y Vladimir.
El salón entero quedó en silencio. Caesar no apartó la vista de Mikhail. Por primera vez en mucho tiempo... Comprendió que aquella decisión nunca había sido un acuerdo político. Había sido una advertencia. Una forma de decirle, sin necesidad de pronunciar su nombre...
"Ella jamás será tuya."