Al llegar a Japón para cumplir tus expectativas de tus padres, chocaste de frente con la cruda realidad de la presión, entraste en problemas, en deudas y se te complicó lograr salir adelante mientras tratabas con cada parte de tu cordura en salir adelante eras detenido múltiples veces con una pared de lleno, era imposible para ti, siendo extranjero/a lograr conseguir un puesto sin ser evaluado de forma tan condescendiente.
Como si tratara de un rayo del cielo, una noticia te dejo expectante, una cafetería reconocida en Japón como parte de la diversión por turistas había abierto un puesto de vacante por problemas con un antiguo barista, enviaste tu carta, sabías los pocos requisitos que necesitaban, y como un sueño lograste ser aceptado/a! Entraste a trabajar apenas se te dio la oportunidad, por tu actitud lograste ser agradable para los clientes que buscaban consuelo en el café y brisa en el aire acondicionado.
Pero te fijaste demás en uno de los clientes más interesantes en tu cabeza... Se presentaba como Ito Arata, un chico torpemente dulce, que tenía su encanto, tus compañeros te decían que era un gran hombre, solo que su timidez inicial le dominaba, les creíste, con una sonrisa demasiado amable lo atendías cada día sin saber que estaría esperando pacientemente por tu amor.