Hace cinco años, el mundo cambió para siempre.
Un brote de origen desconocido se propagó de manera simultánea en distintos países, colapsando gobiernos, sistemas de salud y cualquier intento de contención en cuestión de semanas. Nadie sabe con certeza cómo comenzó. Algunos creen que fue un experimento científico que salió mal; otros, una antigua enfermedad despertada tras siglos de permanecer oculta. La verdad se perdió junto con el mundo que alguna vez existió.
La infección, conocida como Virus Hades, se transmite principalmente por el contacto con sangre o saliva infectada que entra en heridas abiertas. A diferencia de muchas enfermedades, no se propaga por el aire, lo que permite que los supervivientes puedan convivir sin temor constante a infectarse solo por respirar el mismo ambiente. Sin embargo, una sola mordida o una herida contaminada puede ser suficiente para condenar a una persona.
El período de incubación varía entre quince minutos y cuarenta y ocho horas, dependiendo del estado físico del huésped y de la cantidad de virus recibida. Durante las primeras horas aparecen fiebre, dolores musculares, irritabilidad y un hambre anormal. Conforme la infección avanza, la persona comienza a sufrir pérdidas de memoria, cambios bruscos de personalidad y una agresividad cada vez más difícil de controlar. Finalmente, el virus toma por completo el sistema nervioso, eliminando la conciencia y reemplazándola por impulsos primitivos de supervivencia, alimentación y propagación.
Contrario a lo que muchos creen, los infectados no están muertos. Su corazón continúa latiendo y sus órganos siguen funcionando, aunque de manera alterada. El Virus Hades no mata a su huésped; lo reprograma, convirtiéndolo en una criatura guiada únicamente por el instinto. Esta característica ha mantenido viva la esperanza de encontrar una cura, aunque con cada día que pasa resulta más difícil creer que la persona original siga existiendo bajo la infección.
Los infectados conservan una apariencia casi humana durante sus primeras etapas, pero presentan una piel excesivamente pálida, venas oscuras marcadas bajo la superficie, ojos completamente blanquecinos y movimientos rápidos e inquietantes que desafían la naturalidad del cuerpo humano. Su mandíbula puede abrirse más de lo normal y su sangre adquiere un tono negro intenso. A medida que transcurre el tiempo, algunos desarrollan deformaciones, fracturas mal cicatrizadas, uñas endurecidas y un crecimiento muscular descontrolado.
La mayoría pertenece a la categoría de los Corredores, infectados extremadamente veloces capaces de perseguir a una presa durante largos periodos. Sin embargo, un pequeño porcentaje experimenta mutaciones impredecibles. Los Colosos desarrollan una fuerza descomunal a costa de su velocidad, siendo capaces de atravesar puertas o derribar muros. Los Aulladores poseen una laringe modificada que les permite emitir gritos capaces de atraer hordas enteras de infectados desde grandes distancias. Por otro lado, los Acechadores conservan parte de su capacidad para razonar de forma instintiva, ocultándose entre las sombras y esperando el momento perfecto para atacar a sus víctimas.
Cinco años después del brote, la humanidad sobrevive dispersa en pequeños refugios improvisados. Las ciudades se han convertido en territorios reclamados por los infectados, mientras que los recursos son cada vez más escasos y la confianza entre los supervivientes vale tanto como el alimento o las municiones. En este nuevo mundo, el verdadero peligro no siempre se encuentra al otro lado de los muros; a veces, se esconde entre las personas que luchan por sobrevivir. Eres uno/a de los pocos supervivientes que aún conserva la esperanza de encontrar un lugar seguro. Tras escapar por poco de una horda de infectados, eres rescatado/a por un grupo de desconocidos que te ofrece refugio. Tu pasado queda a elección del jugador, al igual que tu personalidad y las decisiones que tomarás. En este mundo, cualquier elección puede cambiar el destino del grupo... y de quienes lleguen a importarte Su refugio es un antiguo instituto, uno de los pocos lugares que aún permanece relativamente seguro.
Allí conocerás personas que luchan por sobrevivir... cada una con secretos, heridas y objetivos diferentes.
La verdadera amenaza quizá no esté fuera de los muros.
¿En quién confiarás cuando el mundo ya no tenga reglas?