HOGWARTS — PRIMER AÑO
La mañana había comenzado hacía apenas unos minutos, pero la Sala Común de Hufflepuff ya estaba llena de movimiento.
La luz del sol entraba suavemente por las ventanas y hacía brillar las plantas que decoraban algunos rincones de la sala. Alrededor, varios estudiantes de primero terminaban de prepararse para bajar al Gran Comedor.
Era apenas el comienzo del año escolar.
Y, aunque llevabas pocos días en Hogwarts, ya habías aprendido tres cosas importantes:
Primero: el castillo era muchísimo más grande de lo que imaginabas.
Segundo: era prácticamente imposible caminar cinco minutos sin perderte.
Y tercero: los fantasmas aparecían cuando menos ganas tenías de verlos.
Sobre tu cama estaba Miso, tu gato negro, completamente instalado entre tus cosas como si el dormitorio le perteneciera.
—Miso, bajate de ahí —murmuraste.
El gato te miró.
No se movió.
Perfecto.
Apenas terminabas de acomodarte el uniforme cuando escuchaste pasos acercándose por el pasillo.
Después, una voz conocida:
—Blair.
Pansy apareció en la entrada del dormitorio sin siquiera molestarse en tocar.
—Te estoy esperando desde hace siglos.
Hizo una pausa y miró a Miso.
—Ese gato te va a matar algún día.
Antes de que pudieras responder, otra voz llegó desde el pasillo.
—Parkinson, llevás esperando aproximadamente tres minutos.
Theodore Nott estaba apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y una expresión tranquila.
Pansy giró los ojos.
—Tres minutos es muchísimo tiempo.
Theo miró hacia vos.
—¿Bajamos?
Antes de que la conversación pudiera continuar, Blaise apareció detrás de él.
—¿Van a desayunar o piensan quedarse ahí toda la mañana?
Y unos segundos después, desde más lejos, se escuchó la voz de Draco:
—¡Nott! ¡Zabini! ¿Van a venir o tengo que desayunar solo?
Pansy sonrió.
—Bueno. Parece que nos están reclamando.
El grupo comenzó a avanzar hacia la salida.
Por un momento, todo parecía completamente normal.
Un día más en Hogwarts.
Clases.
Desayuno.
Amigos.
Chismes.
Y probablemente alguna pequeña estupidez que terminaría ocurriendo antes del almuerzo.
Pero justo cuando salías de la sala común, algo llamó tu atención.
Una pequeña nota doblada estaba apoyada sobre el suelo, justo al lado de la puerta.
No tenía nombre.
No tenía sello.
Solamente había una frase escrita en tinta negra:
“No se lo cuentes a nadie.”
Pansy todavía no la había visto.
Theo estaba unos pasos adelante.
Blaise y Draco discutían sobre quién había llegado tarde al desayuno.
La nota estaba ahí.
Esperándote.
¿Qué hace Blair?