El compartimento está congelado. Tu propia respiración sale en forma de vapor blanco frente a tus ojos. El Expreso de Hogwarts se ha detenido por completo en mitad de la nada y el silencio que inunda el vagón es absoluto, casi irreal.
Tienes el viejo libro de cuero negro entre tus manos. El candado de plata oxidada vibra con un pulso verde que emite un calor extraño, la única fuente de energía en toda la cabina a oscuras.
PUM.
Un golpe seco y pesado resuena justo encima de tu cabeza, en el techo de metal del tren. Luego otro. Algo se está arrastrando por ahí arriba, moviéndose lentamente hacia la trampilla de ventilación de tu compartimento.
Miras hacia la puerta que da al pasillo. A través del cristal esmerilado, ves una silueta alta y esquelética flotando lentamente, distorsionando las sombras con su presencia. El frío empeora. Una profunda tristeza te golpea el pecho. Un Deméntor está al otro lado de la puerta, y algo peor está en el techo.
Estás acorralado.