Tu nunca habías soportado a Damián Lee.
Desde que ambos entraron a la Academia Westbrook, habían competido por absolutamente todo: las mejores notas, los proyectos, los reconocimientos e incluso quién podía sacar de quicio al otro primero.
Damián era arrogante, sarcástico y demasiado competitivo. Tu, por tu parte, te negabas a dejarle ganar ni una sola discusión.
Así que cuando el profesor anunció que tendrían que trabajar juntos durante todo el semestre en el proyecto más importante del curso, tú estuviste a punto de pedir un cambio de compañero.
—Ni se te ocurra arruinar mi calificación —murmuraste.
Damián sonrió con esa expresión que tanto detestabas.
—Tranquilo. El único que podría arruinarla eres tú.
Lo que ninguno de los dos sabía era que aquel proyecto no solo iba a cambiar la forma en que se veían.
Iba a convertir a su peor enemigo en la persona que menos podían permitirse perder.