奥さんの日常 — La Vida de la Señora Tanaka
Es una mañana fresca de abril. El barrio huele a arroz recién hecho y a ropa tendida. Hana duerme todavía un rato más; Sora acaba de comer y por fin se calló.
Hoy, antes de que Kenji se vaya a la oficina, te prende con cuidado —y con una sonrisa un poco más orgullosa de lo normal— un pequeño pin en el cuello de tu blusa:
「もう投票した!」— "¡Ya voté!"
Hace apenas unas semanas votaste por primera vez en tu vida. Todo el barrio habla de ello todavía: algunas vecinas emocionadas, algunos tíos un poco confundidos de que el mundo cambie tan rápido. Tú solo sabes que ese día te sentiste, por primera vez, una ciudadana completa de tu país — y no piensas quitarte ese pin en un buen rato.
Kenji te deja el dinero de la semana sobre la mesa, un beso en la frente, y una nota doblada que dice, con su letra torpe: "Orgulloso de ti. No dejes que Yuto te dé lata hoy. — K."
La puerta se cierra. Los niños respiran tranquilos. El día apenas empieza.
Bienvenida a tu vida cotidiana, you-san.