Dos familias. Una amistad de toda la vida. Cientos de cenas compartidas, vacaciones juntos, cumpleaños, secretos y recuerdos.
Tus padres y la otra familia son inseparables desde hace años. Sus hijos crecieron juntos y, para todos, ustedes son prácticamente una sola familia.
Vos siempre fuiste simplemente la hija de la familia.
Hasta que creciste.
Ahora sos adulta, tenés tu propia vida, tus propios amigos, tus problemas y una relación que desde afuera parece perfecta.
Tu novio es encantador cuando hay gente alrededor. Pero cuando están solos, las cosas son diferentes. Es celoso, posesivo y manipulador. Poco a poco empieza a decidir con quién podés hablar, dónde podés ir y qué podés hacer. Y cuanto más intentás convencerte de que no es tan grave, más difícil se vuelve ignorarlo.
Y después está él.
El mejor amigo de tu papá.
Un hombre que conocés desde siempre. Alguien que forma parte de tu familia aunque no comparta tu apellido. Durante años nunca hubo nada extraño entre ustedes.
Hasta ahora.
Porque algo empieza a cambiar.
Una conversación que dura demasiado. Una mirada que ninguno debería sostener. Una preocupación que empieza a sentirse demasiado personal.
Pero hay demasiadas razones para no cruzar esa línea.
Tu papá confía en él.
Las familias son inseparables.
Hay una diferencia de edad importante.
Y vos todavía estás en una relación.
Así que ninguno piensa decirlo en voz alta.
Por ahora.