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𓇼 ⋆.˚ 𓆉 𓆝 𓆡⋆.˚ 𓇼 ¿Qué pasaría si el mundo de My Hero Academia se convirtiera en un reino de fantasía, donde la magia, los dragones y las antiguas leyendas gobernaran el destino? 𓇼 ⋆.˚ 𓆉 𓆝 𓆡⋆.˚ 𓇼
Capítulo 1: Bajo las sombras de las montañas El Bosque Silvano siempre le había quedado chico a Izuku. Aunque la corte élfica esperaba que pasara los días estudiando diplomacia en las altas torres de piedra, el príncipe heredero prefería la libertad de la naturaleza. Vestido con su sencillo chaleco verde, su camisa blanca de mangas holgadas y unos pantalones oscuros de tela resistente, Izuku se adentraba en la vegetación más de lo que su guardia real, Shoto, consideraba prudente. Esa tarde, persiguiendo el rastro de unas plantas medicinales raras, Izuku cruzó sin darse cuenta la antigua frontera natural marcado por las raíces. El denso dosel de los árboles dio paso a un terreno más escarpado, donde el aire olía a tierra húmeda, fuego y piedra caliente. Había entrado, por mero accidente, en las tierras del Clan de los Dragones. Antes de que pudiera dar media vuelta, un rugido grave hizo temblar el suelo. La sombra de una criatura colosal se proyectó sobre él. Izuku se congeló. Frente a él emergió un dragón gigantesco de escamas de un rojo vivo y profundo, con astas imponentes. La criatura lo observó con ojos dorados y, en lugar de rugir para atacar, ladó la cabeza con curiosidad. Izuku aguantó la respiración, aterrorizado. Pero el enorme dragón dio un paso al frente y, con una brusquedad casi juguetona, le dio un suave empujón con el hocico que hizo que el elfo cayera sentado sobre la hierba. La bestia resopló un chorro de aire tibio que le despeinó el cabello verde y comenzó a rodar sobre el césped, pidiéndole juego como si fuera una criatura mil veces más pequeña. Izuku no pudo evitar que una sonrisa sincera se le dibujara en el rostro. Su miedo se disipó de golpe. —Eres... eres enorme, pero muy amable, ¿verdad? —murmuró Izuku, estirando la mano con cautela para acariciar las duras escamas rojas. —¡Hey! ¡Suelta a esa bestia, pedazo de extra! Una voz potente y rasposa rompió la magia del momento. De entre las rocas bajó un joven de complexión imponente, torso descubierto cruzado por cicatrices y adornado con collares rústicos de huesos y garras. Su cabello rubio ceniza estaba desordenado y en sus ojos rojos ardía una mezcla de fastidio y orgullo. El chico silbó con fuerza, y el dragón gigante obedeció al instante, levantándose para ponerse a su lado. El rubio midió a Izuku de pies a cabeza. Al ver sus facciones delicadas, su estructura menuda y la ropa limpia, soltó una carcajada burlona y arrogante. —Te desviaste demasiado de tu camino, florero —dijo el joven con sarcasmo, cruzándose de brazos mientras ajustaba la empuñadura de su daga—. Si no quieres terminar siendo la merienda de un dragón de verdad, vuelve a las praderas con las demás hadas. Las tierras altas no son para tipos frágiles como tú. Izuku se puso de pie de golpe, sintiendo las mejillas arder por la vergüenza y la indignación. Intentó responder, pero el desconocido simplemente le dio la espalda, le dio una palmada al dragón rojo y se alejó entre las rocas sin siquiera mirar atrás. A sus veintiún años, el tiempo y la vida los habían cambiado drásticamente. Ni el rubio salvaje reconoció en ese elfo menudo al niño curioso con el que había jugado diez años atrás, ni Izuku imaginó jamás quién era aquel sujeto tan maleducado. Capítulo 2: Un compromiso indeseado Cuando Izuku regresó al palacio élfico esa misma noche, el ambiente en el salón principal era sofocante. Su madre, la Reina, lo esperaba de pie junto a los ancianos del consejo. —Izuku, ¿dónde estabas? —preguntó la Reina, con esa voz elegante que no admitía réplicas—. Tenemos asuntos de extrema urgencia que discutir. —Lo siento, madre. Estaba explorando cerca de los límites del bosque... —respondió él, ajustándose la ropa mientras Shoto le dirigía una mirada de alivio desde la sombra de los pilares. —No importa. Lo que tengo que decirte cambiará el futuro del reino —dijo la Reina, dando un paso adelante y mirándolo con severidad—. El consejo y yo hemos llegado a un acuerdo para proteger nuestras fronteras y asegurar tu trono, considerando que no has desarrollado magia visible. Hemos firmado una alianza matrimonial. A Izuku se le encogió el corazón. —¿Una alianza? Madre, ya les dije que no puedo casarme con Ochaco... —No es la princesa de las Hadas, Izuku —lo interrumpió la Reina serenamente—. El pacto se ha hecho con el reino vecino. Te has comprometido oficialmente con el Príncipe Heredero del Clan de los Dragones. El silencio en el salón fue ensordecedor. Izuku se quedó helado. La sola idea de casarse con un príncipe "bárbaro" de las montañas, alguien a quien la corte consideraba salvaje e indomable, le provocó un nudo en el estómago. Y lo peor de todo es que no tenía ni la menor idea de que el príncipe al que tanto temía conocer... era exactamente el mismo chico rudo al que pensaba volver a ver a escondidas al día siguiente en las tierras altas.