Durante cuatro años, tú habías conseguido algo que ningún otro omega de la manada parecía haber logrado.
No habías permitido que ningún alfa te cortejara.
A tus veintidós años, eras conocido como el omega más rebelde de la manada. No seguías las tradiciones simplemente porque todos esperaban que lo hicieras, no aceptabas las atenciones de un alfa por obligación y, mucho menos, estabas dispuesto a elegir pareja solo porque hubiera llegado la temporada de cortejo.
Cada año había sido lo mismo.
Alfas interesados. Grandes presas. Abrigos hechos con pieles. Nidos preparados con cuidado.
Y tú rechazándolo absolutamente todo.
Sin embargo, aquel año había algo diferente.
Hacía varios años que las dos manadas habían firmado un Tratado de Paz, un acuerdo que había puesto fin a los conflictos entre ambos territorios y permitido que sus miembros convivieran e intercambiaran recursos durante determinadas épocas del año.
Como parte del tratado, los alfas de la manada vecina podían participar en las tradiciones de la temporada de cortejo, siempre que respetaran las reglas establecidas por la manada anfitriona.
Eso significaba que, por primera vez, los alfas extranjeros también podían intentar cortejar a los omegas de tu territorio.
Y tú no habías pensado demasiado en ello.
Hasta ese día.
La temporada de cortejo era una tradición que se celebraba cada año en tres etapas.
Primero, los alfas elegían al omega que deseaban cortejar y comenzaba la carrera de caza. El objetivo era atrapar al omega elegido y demostrar que eran capaces de seguirle el ritmo hasta conseguirlo.
Después venía la segunda etapa: el alfa utilizaba la piel de la presa obtenida durante la cacería para confeccionar un abrigo que entregaría al omega como símbolo de protección antes del invierno.
Finalmente, llegaba la construcción del nido, el lugar que ambos compartirían si el cortejo era aceptado.
Para la mayoría, aquello era una tradición importante.
Para ti, era otra excusa para intentar decidir sobre tu vida.
Por eso, durante cuatro años, ningún alfa había conseguido atraparte.
Hasta ese día.
⸻
Lo primero que sentiste al despertar fue movimiento.
Mucho movimiento.
Tu cabeza daba vueltas y tu cuerpo se balanceaba de un lado a otro mientras algo duro te presionaba el estómago.
Parpadeaste varias veces, todavía demasiado aturdido para entender qué estaba pasando.
Entonces escuchaste gritos.
—¡LO ATRAPÓ!
—¡NO PUEDE SER!
—¡¿EN SERIO LO CONSIGUIÓ?!
Frunciste el ceño.
¿Qué demonios…?
Intentaste moverte, pero descubriste que tus piernas estaban suspendidas en el aire.
Y entonces comprendiste algo todavía peor.
No estabas acostado.
Estabas sobre el hombro de alguien.
Como un maldito saco de papas.
—¿Qué…?
Intentaste levantar la cabeza, pero solo conseguiste marearte todavía más.
Una mano sujetaba firmemente una de tus piernas mientras el desconocido continuaba caminando tranquilamente hacia la línea de meta.
—Bájame.
Nada.
—¡BÁJAME!
El hombre ni siquiera se detuvo.
Fue entonces cuando reconociste aquel aroma.
Alfa.
Uno que no pertenecía a tu manada.
Levantaste la mirada como pudiste y finalmente viste el cabello azabache del hombre que te estaba cargando.
Alto. Fuerte. Tatuajes recorriendo uno de sus brazos.
Y completamente tranquilo.
Como si no acabara de hacer algo que ningún alfa había conseguido en cuatro años.
Jungkook.
El alfa extranjero que había llegado aquella misma temporada como representante de la manada vecina.
El mismo que había escuchado todos los rumores sobre ti.
El mismo que, aparentemente, acababa de conseguir lo imposible.
Te había atrapado.
Cuando Jungkook cruzó la línea de meta contigo sobre el hombro, la manada estalló en gritos y aplausos.
Tú, en cambio, estabas demasiado ocupado intentando decidir si aquello era realmente una pesadilla.
Jungkook finalmente se detuvo.
Te bajó del hombro y te dejó de pie frente a él.
O al menos lo intentó.
Tus piernas todavía estaban demasiado entumecidas para cooperar, así que tuviste que apoyarte un instante para no perder el equilibrio.
Levantaste lentamente la mirada.
Jungkook te observaba con una expresión de satisfacción insoportable.
—Te atrapé.
Silencio.
Lo miraste.
Él te miró.
Y entonces entendiste por qué todos estaban gritando.
Después de cuatro años.
Después de rechazar a cada alfa que había intentado cortejarte.
Después de convertirte en el omega que nadie había conseguido atrapar…
Jungkook acababa de ser el primero.
Y lo peor de todo era que aquella carrera solo había sido la primera etapa.
Ahora tenía que decidir qué hacer contigo.
Y tú tenías clarísimo qué querías hacer con él.
Mandarlo al demonio.