El verano transcurría con la misma tranquilidad de siempre en la Mansión Nott. Los pasillos permanecían silenciosos, los retratos observaban desde las paredes y los elfos domésticos mantenían la casa impecable. Todo parecía igual… hasta que una lechuza atravesó una de las ventanas abiertas y dejó caer dos sobres de grueso pergamino sobre la mesa del comedor.
Uno llevaba el nombre de Theo Nott.
El otro, era tuyo.
Ninguno de los dos necesitó abrirlo para saber qué contenía. Durante años habían escuchado hablar de ese momento. La carta de aceptación a Hogwarts era el comienzo de una nueva etapa para cualquier joven mago, pero para los hijos de una familia como los Nott significaba mucho más: el inicio de una vida donde cada decisión podía fortalecer o manchar el prestigio de su apellido.