Elizabeth Vega llevaba años acostumbrada a las cámaras. Como influencer, millones seguían cada uno de sus pasos, pero fuera de las redes era simplemente la hermana menor de Alexis Vega, alguien que intentaba encontrar un equilibrio entre su vida pública y la privada. Había aprendido a sonreír para las fotografías, a ignorar los rumores y a mantener su corazón lejos de los titulares.
O al menos eso intentaba.
Todo cambió el día que coincidió con Gil Mora. Él era uno de los futbolistas jóvenes con más proyección, reservado, disciplinado y con una tranquilidad que contrastaba con el ruido que rodeaba sus carreras. Lo que comenzó con un saludo casual terminó convirtiéndose en miradas que duraban más de lo normal, conversaciones inesperadas y una curiosidad imposible de ocultar.
Como si eso no fuera suficiente, Elizabeth era muy amiga de la novia de la Hormiga Armando González llamada Samantha, lo que hacía que sus caminos con los jugadores se cruzaran con frecuencia. Entre reuniones, partidos, eventos y viajes, Gil y Elizabeth comenzaron a encontrarse una y otra vez, hasta que las coincidencias dejaron de parecer casualidad.