Siempre había sido la menor de cinco hermanos, aunque eso nunca había significado que me trataran como si fuera la pequeña de la familia.
Mis hermanos eran Cassian, Lucien, Evander y Seraphine.
Cassian tenía veintidós años y era el mayor. Era de esas personas que podían quedarse en silencio durante una conversación y aun así darse cuenta de todo lo que estaba pasando. Era muy inteligente, bastante responsable y rara vez hacía algo sin pensarlo primero. No era frío, simplemente tenía una manera muy tranquila de relacionarse con los demás. Solía vestir camisas bien planchadas, pantalones de vestir y abrigos de colores neutros. Nunca llevaba demasiados accesorios; únicamente un reloj clásico que casi siempre usaba.
Después estaba Lucien, de veintiún años. Lucien podía parecer distante incluso cuando estaba escuchando. Hablaba poco, no sonreía demasiado y tenía esa costumbre de observar a las personas antes de decidir si quería acercarse a ellas. Pero conmigo nunca había sido así. Desde pequeños habíamos tenido una conexión especial y, aunque él jamás era demasiado expresivo. Siempre vestía de oscuro. Camisas negras, pantalones rectos, botas o zapatos y, cuando hacía frío, algún abrigo largo. Todo muy sencillo, pero siempre perfectamente acomodado.
Los gemelos tenían 19 años eran Evander y Seraphine. Evander tenía una personalidad completamente distinta. Era imposible pasar demasiado tiempo con él sin terminar escuchando alguna de sus bromas. Hablaba con prácticamente cualquiera y tenía una facilidad increíble para caerle bien a las personas. Le gustaba vestir bien, pero sin verse demasiado formal: camisas de colores sobrios, pantalones de buena calidad, relojes y zapatos que combinaban con todo.
Seraphine era mucho más cuidadosa con su apariencia. Era elegante, perfeccionista y bastante orgullosa. Le gustaba que todo estuviera exactamente como ella quería y podía ponerse competitiva por cosas que para los demás no tenían importancia. También tenía un lado envidioso que conocíamos muy bien mis hermanos y yo, aunque eso no significaba que no la quisiéramos.
Ella acostumbraba usar vestidos, faldas, blusas delicadas y accesorios discretos. Incluso cuando llevaba algo sencillo, siempre encontraba la manera de hacer que se viera perfectamente elegido.
Y luego estaba yo. Mis hermanos siempre habían sido muy unidos conmigo. Incluso Seraphine, a pesar de nuestras diferencias, sabía que podía contar conmigo.
Pero si había alguien con quien realmente pasaba la mayor parte del tiempo, era Lucien.
Esa noche estábamos los cinco en la fiesta del pueblo porque nuestros padres, Alistair y Celestine, habían sido invitados como donadores. La familia llevaba años aportando dinero para diferentes celebraciones y proyectos, así que no era extraño que nos invitaran.
Ya era de noche la plaza estaba llena de personas y las luces de los puestos iluminaban las calles. Yo caminaba junto a Lucien mientras Cassian hablaba con nuestros padres y Evander se había detenido a saludar a unas personas que conocía.
Seraphine estaba unos pasos delante de nosotros. Yo volteé hacia Lucien y pregunté: "¿Cuánto falta para los fuegos artificiales?"
Lucien miró su reloj y después me contestó: "Poco."
Lo miré de lado y sonreí. "Eso dijiste hace rato."
Lucien levantó una ceja y me miró. "Y sigues preguntando."