Capítulo 1 — La chica que no lo conoce
El último periodo del viernes había terminado.
Los pasillos de la preparatoria estaban llenos de estudiantes que salían de sus aulas mientras conversaban sobre los planes para el fin de semana.
En un salón del segundo piso, sin embargo, tres estudiantes permanecían en sus lugares.
Muichiro Tokito seguía sentado junto a la ventana, terminando unos ejercicios que el profesor había dejado como tarea.
Haruto Sakamoto revisaba sus apuntes.
Sora Mizuno llevaba varios minutos mirando distraídamente hacia el patio.
De repente, sonrió.
—Ahí está.
Muichiro continuó escribiendo.
—¿Quién?
—Lilith Tanaka.
La punta del lápiz de Muichiro se detuvo durante un instante.
Después continuó escribiendo como si nada.
Sora señaló discretamente hacia el patio.
—La pelirroja.
Muichiro sabía perfectamente quién era.
Lilith Tanaka.
Segundo año.
Buenas calificaciones.
Cabello pelirrojo y ondulado.
Pecas.
Extrovertida, pero bastante tranquila.
Y, probablemente, una de las estudiantes más populares de toda la preparatoria.
En ese momento estaba caminando con varias amigas.
Se reía mientras hablaban de algo.
Un grupo de estudiantes pasó junto a ellas y la saludó.
Lilith respondió con una sonrisa.
Incluso algunos estudiantes de otros cursos parecían conocerla.
Haruto observó desde la ventana.
—Es increíble la cantidad de gente que conoce.
—Exactamente —respondió Sora—. Todo el mundo conoce a Lilith.
Después miró a Muichiro.
—Excepto ella.
Muichiro levantó lentamente la mirada.
—¿Qué?
—Ella no te conoce.
Haruto asintió.
—Probablemente ni siquiera sabe tu nombre.
Muichiro guardó silencio.
Sora sonrió.
—Y tú llevas meses enamorado de ella.
—No diría enamorado.
—¿Entonces?
Muichiro miró nuevamente hacia el patio.
—Me interesa.
Haruto soltó una pequeña risa.
—Eso es una forma bastante complicada de decir que te gusta.
Muichiro no respondió.
Sora apoyó los brazos sobre el respaldo de su silla.
—Entonces, ¿qué piensas hacer?
—¿Sobre qué?
—Sobre ella.
—Nada.
Sora lo miró incrédulo.
—¿Nada?
—No tengo ninguna razón para acercarme.
—¡Precisamente ese es el problema!
Muichiro volvió a mirar a Lilith.
Ella estaba sentada con sus amigas, completamente ajena a la conversación que ocurría en el segundo piso.
Ni siquiera sabía que Muichiro estaba mirándola.
Y eso era lo que más le preocupaba.
Sora continuó:
—Ella es probablemente la chica más popular de la escuela.
Haruto añadió:
—Y nosotros somos...
Miró alrededor del salón.
Tres escritorios.
Una montaña de libros.
Cuadernos llenos de apuntes.
Una calculadora científica.
—...nosotros.
Sora hizo una mueca.
—Los nerds.
Muichiro frunció ligeramente el ceño.
—No somos nerds.
Haruto señaló el escritorio.
—Muichiro, llevas cuatro libros de física en la mochila.
—Los necesito.
—Es viernes.
—Quiero terminar uno.
Sora se rio.
—Eso no ayuda a tu argumento.
Los tres guardaron silencio.
Después Sora volvió al tema.
—La cuestión es que ella tiene cientos de personas alrededor y nosotros somos los chicos que prácticamente viven en la biblioteca.
Muichiro cerró su cuaderno.
—¿Y?
—¿Y cómo piensas acercarte?
Muichiro no respondió inmediatamente.
No tenía un plan.
Podía resolver problemas matemáticos complicados.
Podía memorizar capítulos enteros.
Podía obtener la máxima calificación de un examen sin demasiadas dificultades.
Pero acercarse a una chica que le gustaba era completamente diferente.
Especialmente cuando ella ni siquiera sabía que existía.
—No lo sé —admitió finalmente.
Sora levantó las cejas.
—¿No sabes?
Muichiro negó con la cabeza.
—No.
Haruto sonrió ligeramente.
—Entonces tendremos que ayudarte.
Muichiro lo miró.
—No necesito ayuda.
—Claro que sí.
—Puedo hacerlo solo.
Sora se levantó de su asiento.
—Entonces empieza mañana.
—¿Qué?
—Habla con ella.
Muichiro permaneció en silencio.
Abajo, Lilith se levantó junto a sus amigas y comenzó a caminar hacia el edificio.
Muichiro la observó alejarse.
Por unos segundos, imaginó cómo sería simplemente acercarse y decirle:
Hola.
Parecía sencillo.
Pero de alguna manera, para él, era mucho más difícil que cualquier examen.
—Mañana —murmuró.
Sora sonrió.
—¿Eso significa que lo intentarás?
Muichiro recogió sus libros.
—Sí.
No sabía qué iba a decir.
No sabía cómo reaccionaría ella.
Y ni siquiera sabía si Lilith recordaría su rostro después de aquella primera conversación.
Pero había tomado una decisión.
Aunque ella todavía no supiera quién era, Muichiro iba a intentar conseguir que algún día lo conociera.