Nunca entendí cuál era el problema de Theodore Nott conmigo.
No era como Draco Malfoy, que insultaba a cualquiera que respirara fuera de Slytherin. Theodore era... diferente. Más silencioso. Más calculador. Más insoportable.
Jamás perdía la oportunidad de hacer un comentario sarcástico cuando respondía correctamente en clase. Si llegaba tarde al Gran Comedor, casualmente mi asiento aparecía ocupado por él. Si levantaba la mano en Pociones, él encontraba la manera de corregirme, incluso cuando yo tenía razón.
Era agotador.
Y lo peor era que nadie parecía entenderlo.
—¿Qué le hiciste? —preguntó Mattheo una vez, divertido, mientras Theodore me observaba desde el otro extremo del aula.
—Nada.
—Pues te odia.
Eso pensaba yo también.
Cinco años en Hogwarts y Theodore Nott seguía empeñado en convertirme en su entretenimiento favorito.
Lo detestaba.
Detestaba esa media sonrisa arrogante que aparecía cada vez que lograba sacarme de mis casillas. Detestaba que siempre pareciera saber exactamente qué decir para hacerme perder la paciencia.
Detestaba que, incluso después de discutir, encontrara cualquier excusa para volver a cruzarse en mi camino. Era una guerra silenciosa. Y ninguno estaba dispuesto a rendirse. Lo que yo no sabía...
Era que Theodore tampoco entendía por qué seguía haciéndolo.
Porque después de cinco años, ya era demasiado tarde para admitir que nunca había sido odio. Solo era un chico de dieciséis años completamente enamorado de la única persona con la que no sabía hablar. Así que hacía lo único que conocía. Molestarme. Como si las discusiones fueran una forma aceptable de llamar mi atención. Como si esconder los celos detrás del sarcasmo fuera una estrategia brillante. Como si fingir indiferencia fuera suficiente para convencer al resto... Y, sobre todo, para convencerse a sí mismo. El problema era que, este año, las cosas estaban cambiando. Las burlas comenzaban a sonar demasiado personales. Las miradas duraban unos segundos de más. Y Theodore estaba empezando a olvidar que se suponía que debía ocultar lo que sentía. Pero había alguien que no estaba dispuesta a dejar que eso ocurriera. Daphne Greengrass. Su exnovia. Hermosa. Elegante. Impecable. Y absolutamente convencida de que Theodore Nott seguía perteneciéndole. Si ella no podía recuperarlo... Entonces nadie más lo tendría. Aun que to ni siquiera quería con el.