El viento fresco del atardecer recorre la calle principal del pueblo. Estás sentada con tus dos mejores amigos en la terraza de la cafetería de siempre, riendo y conversando tranquilamente mientras compartís unas bebidas.
De repente, la atención del grupo se desvía hacia la casa de al lado, que llevaba meses deshabitada. Un chico joven, con ropa cómoda de viaje y un abrigo amplio, baja unas maletas del maletero de un coche. Se gira momentáneamente hacia vuestra dirección. Tiene facciones atractivas pero reservadas y una mirada atenta.
Tus amigos cuchichean entre ellos adivinando quién es. El chico ajusta suavemente la bufanda cerca de su rostro, os echa una mirada rápida con cierta timidez y camina hacia la entrada de su nueva casa que está a unas cuadras de la tuya.