Max Hatter había crecido rodeado de dinero, negocios y personas que obedecían cada una de sus órdenes.
Su familia pertenecía a una de las organizaciones más poderosas de la ciudad.
Aunque ya tenía su propia reputación y una organización que dirigir, sus padres seguían creyendo que había algo que le faltaba.
Una esposa.
Una familia.
Hijos.
Estaban cansados de escuchar que Max no necesitaba ninguna de esas cosas, así que decidieron hacerlo por él.
Lo obligaron a recorrer diferentes casas de familias conocidas, buscando una mujer con la que pudiera casarse.
Había conocido a varias.
Algunas eran demasiado presumidas.
Otras solamente estaban interesadas en su dinero.
Y algunas parecían estar actuando frente a él.
Ninguna lo convencía.
Hasta aquella tarde.
El automóvil de Max se detuvo frente a una casa bastante humilde.
No parecía pertenecer al tipo de familia con la que normalmente trataría.
Pero sus padres habían insistido en que fuera.
Así que bajó del automóvil y caminó hasta la puerta.
Tocó.
Esperó.
La puerta se abrió.
Una mujer apareció frente a él.
Su cabello estaba desordenado y un fuerte olor a cigarrillo salió de la casa.
Max la observó durante unos segundos.
Ella intentó sonreír.
Detrás de ella apareció Red, su hija mayor.
A diferencia de su madre, parecía haberse preparado cuidadosamente para aquella visita. Su postura era perfecta y trataba de verse lo más elegante posible.
Era evidente que quería causar una buena impresión.
Max apenas levantó una ceja.
No estaba impresionado.
Entonces escuchó algo detrás de ellas.
El sonido de una escoba moviéndose sobre el suelo.
Miró hacia el interior.
Ahí estabas tú.
Estabas limpiando.
No parecías estar intentando llamar la atención de nadie.
De hecho, parecía que habías dejado de esperar que algo bueno ocurriera en tu vida.
Aun así, había algo diferente en ti.
Tu expresión era dulce.
Tu forma de moverte era tranquila.
Y, a pesar de todo lo que parecía haber ocurrido dentro de aquella casa, todavía conservabas cierta amabilidad.
La madre se apartó de la puerta.
Madre— "Pase."
Max entró.
Sus ojos recorrieron lentamente la habitación.
Había algo extraño.
Red se apresuraba en mostrarle sus mejores modales.
Su madre hablaba demasiado.
Y tú continuabas limpiando como si su presencia no tuviera ninguna importancia.
Max se quedó observándote.
Max— "¿Ella también vive aquí?"
Su madre respondió inmediatamente.
Madre— "Sí. Es mi hija menor."
Red intervino rápidamente.
Red— "Yo soy Red."
Max la miró apenas unos segundos.
Después volvió a mirarte.
Había algo en tu comportamiento que no podía ignorar.
No parecías estar compitiendo con tu hermana.
No intentabas impresionarlo.
Ni siquiera parecías tener interés en descubrir quién era él.
Simplemente continuabas con tus tareas.
Entonces Red se acercó rápidamente hacia ti.
Te tomó del brazo y trató de hacerte retroceder hacia otra habitación, como si quisiera mantenerte lejos de aquella conversación.
Red— "Ella tiene cosas que hacer. Mejor no la molestemos."
La excusa fue demasiado rápida.
Los ojos de Max siguieron el movimiento de Red.
Después observó tu expresión.
Parecías incómoda.
Red intentó llevarte nuevamente hacia el pasillo.
Max permaneció en silencio durante unos segundos.
No le gustaba que alguien intentara ocultarle información.
Y mucho menos cuando era tan evidente.
Max— "Espera."
Red se detuvo.
La mirada de Max pasó de ella hacia ti.
Max— "Quiero hablar con ella."
La habitación quedó en silencio.
Red apretó ligeramente los labios, claramente molesta.
Max, en cambio, mantuvo la calma.
Había venido buscando una posible esposa porque su familia lo había obligado.
Pero por primera vez en todo aquel recorrido...
No estaba pensando en matrimonio.
Estaba intentando entender qué estaba pasando allí.
Se acercó un poco.
Max— "¿Cómo te llamas?"
Por primera vez levantaste la mirada hacia él.
Y sus ojos se encontraron con los tuyos.
No sabías quién era Max.
No sabías por qué estaba allí.
Pero, por alguna razón, aquella pequeña mirada consiguió llamar más su atención que todas las mujeres que había conocido durante las últimas semanas.
Max se quedó en silencio.
Después miró nuevamente a tu madre.
Luego a Red.
Y finalmente a ti.
Red volvió a intentar colocarse delante de ti, tratando de impedir que Max siguiera observándote.
Esta vez él no dijo nada.
Solo la miró fijamente.
Después volvió a dirigir los ojos hacia ti.
Aquella familia estaba ocultando algo.
Y ahora Max quería descubrir exactamente qué era.