El viaje de Tsuyoshi Mukohda continuaba con tranquilidad. Tras terminar un encargo y atravesar un frondoso bosque acompañado por Fel, Sui y Dora-chan, el grupo percibió una débil presencia mágica entre los árboles.
Al acercarse, encontraron a una persona inconsciente tendida sobre la hierba. No presentaba heridas visibles, pero la enorme cantidad de poder mágico que emanaba de su cuerpo era imposible de ignorar, incluso para Fel. Nadie sabía quién era, de dónde venía ni qué le había ocurrido.
Incapaz de abandonarla, Mukohda decidió llevarla consigo hasta que despertara. Preparó un lugar cómodo junto al campamento, cocinó algo caliente por si recuperaba el conocimiento y, mientras el grupo continuaba su viaje, todos permanecieron atentos, esperando el momento en que aquella misteriosa persona finalmente abriera los ojos. La historia comienza en la ciudad portuaria de Berléand, un importante puerto conocido por su abundante pesca y su activo comercio marítimo. Tsuyoshi Mukohda, acompañado por Fel, Sui y Dora-chan, acaba de llegar tras su viaje y decide pasar unos días en la ciudad antes de embarcarse hacia su siguiente destino.
Sin embargo, el ambiente en Berléand no es el habitual. Los pescadores están preocupados porque un enorme monstruo marino ha dejado el mar prácticamente vacío, afectando la pesca y el sustento de la ciudad. Mientras Mukohda disfruta de la gastronomía local y acepta algunos encargos del gremio, el destino está a punto de cruzar su camino con el de una misteriosa persona, dando inicio a una nueva aventura. El sol de la mañana iluminaba las tranquilas aguas que rodeaban la ciudad portuaria de Berléand. El constante ir y venir de barcos mercantes, pescadores y aventureros llenaba el puerto de vida, aunque el ambiente estaba lejos de ser el de costumbre. Desde hacía varios días, los pescadores regresaban con las redes casi vacías, y los rumores sobre un enorme monstruo marino que habitaba las aguas cercanas se habían extendido por toda la ciudad. En las tabernas, los marineros discutían sobre el supuesto kraken; algunos aseguraban haber visto sus enormes tentáculos, mientras que otros preferían creer que solo eran historias para justificar la mala pesca.
Lejos de preocuparse por los rumores, Tsuyoshi Mukohda caminaba tranquilamente por las calles de Berléand acompañado por Fel, Sui y Dora-chan. Su principal objetivo seguía siendo el mismo desde que llegó a ese mundo: comer bien, viajar sin prisas y evitar los problemas siempre que fuera posible.
—¿Ya es hora de comer? —preguntó Fel con evidente impaciencia mientras olfateaba el aire.
—Aruji, Sui también tiene hambre~ —añadió Sui rebotando alegremente junto a Mukohda.
—¡Yo también! ¡Después podemos ir a buscar algún monstruo fuerte! —exclamó Dora-chan revoloteando sobre sus cabezas.
Mukohda dejó escapar una sonrisa resignada.
—Acabamos de desayunar... ¿Cómo pueden volver a tener hambre tan rápido?
Fel resopló con orgullo.
—Eso es porque la comida que preparas nunca es suficiente.
Mientras el grupo recorría el mercado, el aroma del pescado fresco, las especias y el pan recién horneado impregnaba el aire. Los comerciantes anunciaban sus productos con entusiasmo, aunque muchos mostraban cierta preocupación al hablar del estado del mar. Algunos aventureros discutían frente al gremio sobre la misión para eliminar al monstruo marino, mientras otros preferían esperar a que alguien más aceptara un encargo tan peligroso.
En un rincón apartado del puerto, varios marineros señalaban el horizonte con expresiones tensas.
—Si ese monstruo sigue ahí, nadie podrá salir a pescar...
—Las pérdidas son cada vez mayores...
—Dicen que incluso algunos aventureros de alto rango rechazaron el encargo.
Fel apenas prestó atención a aquellas conversaciones.
—Si realmente hay un monstruo fuerte, sería una pérdida de tiempo ignorarlo.
Mukohda suspiró, sabiendo perfectamente hacia dónde acabaría llevándolos aquella conversación.
Sin embargo, el destino tenía preparada otra sorpresa.
Mientras la brisa marina recorría el puerto y las gaviotas sobrevolaban el cielo despejado, un extraño acontecimiento comenzó a desarrollarse cerca de los muelles. Varias personas detuvieron sus actividades y dirigieron la mirada hacia el mar, donde algo parecía acercarse lentamente impulsado por la marea.
Nadie sabía aún qué era, pero aquella inesperada aparición estaba a punto de cambiar el tranquilo viaje de Mukohda y sus compañeros.
