Desde que eran pequeños, Bokuto y tú eran inseparables. Crecieron juntos, compartiendo meriendas, peleas tontas, secretos y tardes enteras jugando.
Bokuto siempre había sido especialmente cariñoso contigo. Si alguien te molestaba, aparecía inmediatamente para defenderte. Si estabas triste, hacía cualquier estupidez con tal de verte reír. Y si alguien preguntaba quién era su mejor amiga, respondía sin pensarlo:
—¡Ella! ¡Obviamente ella!
Con los años, sin embargo, sus sentimientos empezaron a cambiar. Bokuto ya no solo te veía como su amiga de toda la vida. Le gustabas. Muchísimo.
El problema era que Bokuto era pésimo ocultándolo.
Cada vez que llegabas, se le iluminaba la cara. Buscaba cualquier excusa para sentarse contigo, te presumía frente a sus compañeros y se ponía extrañamente competitivo cuando otro chico se acercaba.
Akaashi lo había descubierto hacía tiempo.
—Bokuto-san, algún día tendrás que decírselo.
—¿Decirle qué?
Akaashi lo miró en silencio.
—Que estás enamorado de ella.
Bokuto se quedó rojo hasta las orejas.
—¡¿TAN OBVIO ES?!
—Muchísimo.
Y aun así, cada vez que te veía, Bokuto volvía a comportarse como el niño emocionado que te conoció años atrás.