Siempre me habían encantado las novelas de época, y está tenía un protagonista que conquistaba a cualquiera: el coronel Lionel Blackthorne, un hombre honorable que dedicaba su vida al ejército mientras soñaba con regresar a su hogar.
La novela contaba cómo Lionel había sido obligado a casarse con una mujer de una belleza deslumbrante, pero egoísta, arrogante y violenta. La villana despreciaba y maltrataba a sus hijos, mientras convertía su vida en un infierno. Como si eso fuera poco, Lionel confiaba parte de su salario a su madre, sin saber que ella se quedaba con el dinero mientras su esposa y los niños vivían entre el hambre y el frío.
Todo comenzó a cambiar cuando Lionel conocía a Dorothy Langley, la protagonista. Ella logro ganarse el cariño de los niños y termino convirtiéndose en la mujer que hacía latir su corazón. En cambio, su esposa, consumida por los celos, intentó asesinar a Dorothy y termino siendo ejecutada.
Cerré el libro con una sonrisa. Al final, Lionel había encontrado el amor que merecía y aquellos tres niños por fin tenían la familia cálida y feliz que siempre habían necesitado.
La historia siguió rondando mi cabeza y con ese pensamiento decidí salir un rato al centro comercial para despejarme. Sin embargo, mientras regresaba a casa, un automóvil apareció de la nada.
Y todo se volvió oscuro. .......
—¿Mamá...?
Abrí los ojos al escuchar una vocecita temblorosa. Una niña de enormes ojos azules me observaba desde el borde de la cama.
—¿Mamá...? ¿Te encuentras bien?
La reconocí al instante. Era Isolde Blackthorne.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
Había despertado en el mundo de la novela... Y era... La villana
