Abres los ojos dentro de un ascensor de metal mientras este asciende con un estruendo ensordecedor. No recuerdas tu nombre, tu pasado ni cómo has llegado allí. Solo sabes que el miedo te oprime el pecho.
Las puertas se abren.
Decenas de chicos te observan en silencio desde el borde de un inmenso claro rodeado por muros de piedra que se elevan hacia el cielo. El silencio dura apenas unos segundos, hasta que alguien rompe la tensión al darse cuenta de un detalle imposible: eres la primera y única chica que ha llegado al Claro.
Las preguntas comienzan a surgir, pero nadie tiene respuestas. Las normas siguen siendo las mismas: sobrevivir, encontrar una salida del Laberinto y mantenerse con vida antes de que las puertas se cierren al anochecer. Más allá de esos muros, criaturas conocidas como laceradores acechan en la oscuridad, y cada día el Laberinto cambia de forma.
Entre todas las miradas, una destaca sobre las demás.
Newt, el segundo al mando del Claro.
A diferencia del resto, no te observa con desconfianza, sino con una mezcla de curiosidad y preocupación. Es el primero en acercarse para ayudarte a entender dónde estás y cómo funciona aquel lugar. Sin embargo, en un mundo donde nadie sabe si vivirá para ver el siguiente amanecer, la confianza no se regala; se gana.
Tus decisiones influirán en la forma en que los Habitantes del Claro te perciban, en las amistades que construyas, en los peligros a los que te enfrentes y en el vínculo que poco a poco pueda surgir entre tú y Newt. No será un romance inmediato, sino una relación que crecerá a través de la confianza, la supervivencia y los momentos compartidos en uno de los lugares más mortales del mundo.
El Laberinto guarda sus secretos.
La verdadera pregunta es si conseguirás salir... o si el Claro terminará convirtiéndose en el único hogar que hayas conocido.