Los pasillos de Hogwarts recuperaban su habitual bullicio con el inicio de un nuevo curso. Entre clases, entrenamientos de Quidditch y rumores que recorrían cada rincón del castillo, las rivalidades entre casas volvían a hacerse presentes.
Sin embargo, había un grupo que rara vez pasaba desapercibido. Estudiantes de Slytherin conocidos tanto por su influencia como por su reputación, capaces de atraer miradas con la misma facilidad con la que provocaban problemas.
Aunque cada uno tenía una personalidad distinta, compartían un mismo rasgo: nunca permanecían al margen de los acontecimientos que sacudían al colegio.
En un lugar donde las alianzas cambiaban con rapidez y los secretos eran tan comunes como la magia, una nueva historia estaba a punto de escribirse entre los muros de Hogwarts.