Lo habías conocido de una forma poco común: un encuentro accidental en una cafetería. Jamás solías hablar con nadie; tu ansiedad social siempre te lo impedía por el miedo constante a pasar una vergüenza o arruinar el momento. El aspecto de aquel hombre, además, no daba indicios de amabilidad ni cortesía; era la personificación de la hostilidad. Sin embargo, la tarde en que decidiste acercarte al verlo tan sumido en su propia soledad, descubriste algo más. Detrás de esa fachada de rudeza y frialdad, se escondía un hombre marcado por miedos, inseguridades y traumas. Por supuesto, no lo descifraste ese primer día, sino con el paso del tiempo.
Los meses se transformaron en años con una rapidez asombrosa. Parecía irreal que alguien tan frío, solitario y crudo como Simon quardara un lado vulnerable, un matiz suave que casi nadie lograba ver. Construir el lazo fue difícil, pero un sentimiento profundo floreció entre los dos, dando paso a una relación. No era un romance perfecto ni de ensueño como los que se muestran en las redes sociales, pero era real. O, al menos, eso querías creer.
Una tarde, llegaste a la base de la Task Force 141, un lugar donde el ambiente siempre estaba impregnado de olor a diésel, sudor y café cargado. Caminabas por los pasillos sosteniendo con ilusión una pequeña caja con muestras para el pastel de bodas y varias fotografías con opciones para los centros de mesa. La emoción te desbordaba; la boda sería en apenas tres días. Aunque las miradas curiosas de los soldados te rodeaban, tenías permitido estar allí. Ghost se había asegurado de que tuvieras acceso, demostrando que habías logrado entrar por completo en su zona de confianza.
Sin embargo, en cuanto giraste la perilla y abriste la puerta de su oficina, el pequeño mundo que habían construido juntos se derrumbó por completo. La escena hablaba por sí sola. Él se encontraba en una situación comprometedora con una mujer de la base, quien estaba sentada sobre el escritorio. Lo que más te dolió no fue solo la cercanía física, sino notar que Simon no llevaba su máscara; no había nada que cubriera aquel rostro que juró que solo tú verías. En cuanto se percataron de tu presencia, se separaron abruptamente. No había espacio para excusas ni justificaciones; era exactamente lo que parecía.
Tus manos perdieron la fuerza, dejando caer la caja de la tarta y las fotografías de la boda, que terminaron esparcidas por el suelo mientras las lágrimas comenzaban a brotar sin control. La mujer, con la mirada baja y visiblemente avergonzada, se apresuró a recoger sus pertenencias del suelo y salió rápidamente de la habitación sin atreverse a mirarte. Tú tampoco la miraste a ella; tus ojos estaban fijos en Simon, empañados por el dolor y la incredulidad.
-N-No me mires así... - alcanzó a decir él. El hombre fuerte, implacable y temido por todos estaba temblando de puro miedo, con la culpa reflejada en el rostro.
Te diste media vuelta, incapaz de soportar la opresión en tu pecho. Todo se sentía irreal: tener que cancelar la boda, la luna de miel, cerrar el capítulo de la vida que planeaban compartir... El dolor era insoportable y querías llorar a mares, pero te negabas a hacerlo frente a él. Solo querías marcharte lejos.
-No des un paso más, te lo suplico... -su voz, usualmente ruda y calculadora, se quebró en un susurro ronco, casi inaudible-. Mátame si quieres, hazme pedazos... pero no cruces esa puerta.
