Mi hermano, Brian Gutiérrez, acababa de recibir una de las noticias más importantes de su carrera: había sido convocado para concentrarse con la Selección Mexicana. Toda mi familia estaba orgullosa de él, y yo no podía dejar de sonreír al verlo cumplir el sueño que había perseguido desde niño.
Lo que ninguno de los dos imaginaba era que, por una serie de circunstancias, terminaría acompañándolo durante toda la concentración.
De un momento a otro, pasé de estar en casa a recorrer los pasillos donde entrenaban algunos de los mejores futbolistas del país. Viajes, hoteles, entrenamientos, partidos, risas, nervios, cámaras... un mundo completamente nuevo se abría frente a mí.
Pensé que solo sería una experiencia más.
Que únicamente estaría ahí para apoyar a mi hermano.
Pero el destino tenía otros planes.