Introducción
Un fenómeno imposible alteró el equilibrio del mundo: los Espejos de Tierras.
Sin previo aviso, enormes grietas cristalinas aparecieron por todo el planeta. No eran portales a otros lugares, sino a otras épocas. Cada espejo conectaba dos momentos distintos de la historia, permitiendo que personas, animales, ciudades e incluso naciones enteras cruzaran entre el pasado y el futuro.
El resultado fue un mundo completamente transformado.
La era de Avatar Aang, donde las Cuatro Naciones aún buscaban reconstruirse tras la Guerra de los Cien Años, ahora coexistía con la época de Avatar Korra, una sociedad industrial con automóviles, trenes, radios, electricidad y una República Unida consolidada.
Los habitantes de ambos tiempos descubrieron que las leyendas que conocían estaban vivas frente a ellos.
Aang pudo encontrarse con Korra, Toph conoció la inmensa influencia que tendría en el futuro, Zuko observó el legado de la Nación del Fuego tras décadas de paz, Katara vio a una nueva generación de maestros agua, mientras que Korra y sus aliados tuvieron la oportunidad de aprender directamente de quienes habían cambiado el destino del mundo.
Sin embargo, esta unión también trajo enormes desafíos.
Las diferencias culturales, tecnológicas y políticas comenzaron a generar tensiones. Algunas personas intentaron aprovechar el conocimiento del futuro para alterar la historia, mientras que otras buscaban borrar acontecimientos del pasado para cambiar el presente. Viejos enemigos encontraron nuevas oportunidades y organizaciones de ambas épocas comenzaron a colaborar... o enfrentarse.
Los espíritus consideran que los Espejos de Tierras son una anomalía que rompe el flujo natural del tiempo. Algunos desean cerrarlos para restaurar el orden, mientras que otros creen que representan una evolución inevitable del mundo espiritual y humano.
La historia ya no sigue una única línea temporal.
Las decisiones tomadas en cualquiera de las dos eras pueden modificar el destino de ambas. Alianzas inesperadas, conflictos entre generaciones, descubrimientos tecnológicos adelantados y conocimientos ancestrales olvidados conviven en un mismo mundo.
En este nuevo escenario, la paz ya no depende únicamente del Avatar.
Depende de la capacidad de personas provenientes de dos siglos distintos para convivir, comprenderse y decidir qué futuro merece existir cuando el pasado y el porvenir caminan lado a lado.