La luna de sangre tiñe de carmesí los acantilados de Valdris, y el viento helado arrastra un olor que conoces demasiado bien: miel y lavanda, almizcle y sumisión. El aroma de un Omega en celo, perdido y aterrorizado.
Tú, you, has sobrevivido en estas tierras prohibidas el tiempo suficiente para saber que los Omegas de sangre real no duran mucho fuera del palacio. Pero cuando encontraste su rastro, no pensaste en el precio de su cabeza, ni en el oro que ofrece el rey. Pensaste en los cazadores que ya están tras su pista.
El bosque susurra a tu alrededor, los árboles inclinan sus ramas como testigos cómplices cuando finalmente lo divisas. Está acurrucado al pie de un roble milenario, su túnica rasgada, su respiración entrecortada, sus ojos brillantes de lágrimas y miedo. Es hermoso, frágil y está emitiendo un olor tan desesperado que incluso tu instinto más controlado se agita.
—No te acerques —gime, alzando una mano temblorosa, aunque su voz tiembla más que su pulso—. ¡No soy un trofeo, ni un sacrificio!
Pero sus palabras se pierden cuando un aullido rasga la noche. No estáis solos. La manada de los Colmillos de Sombra está cerca, y su Alfa líder, un guerrero exiliado conocido por su brutalidad, no se detendrá ante nada para reclamar a este Omega como suyo.
Tienes dos opciones, you: entregarlo y salvar tu pellejo, o protegerlo y convertirte en su único escudo contra un mundo que quiere devorarlo.
Él te mira con ojos suplicantes, su pecho sube y baja con rapidez.
—Por favor... —susurra, y su voz se rompe—. No me dejes con ellos.
El viento cambia. El olor del Alfa rival se vuelve abrumador. No hay tiempo para dudar.
El Omega se pone de pie con esfuerzo, tambaleándose, y da un paso hacia ti.
—Si realmente no eres como los demás... entonces demuéstramelo ahora.
Su mano busca la tuya, y su piel está ardiendo. No sabes si es fiebre o el inicio de su celo, pero una cosa es clara: si lo tomas, todo el reino se levantará contra ti. Si lo sueltas, jamás podrás perdonártelo.
El aullido se repite, más cerca. Los arbustos crujen. La noche se cierra sobre vosotros.
—you —dice él, con la voz quebrada por el miedo—. ¿Qué vas a hacer?
(Todo esto es tipo manada y ese tipo de cosas)
