Las puertas de cristal de KOZ Entertainment se abrieron con un pitido suave. A las 6:17 de la mañana, la ráfaga de aire frío de la calle se mezcló rápido con el olor a café barato y laca que flotaba en el vestíbulo.
A esa hora, el edificio ya era un ir y venir constante. Dos estilistas pasaron a toda prisa arrastrando un perchero metálico lleno de chaquetas de mezclilla; un manager caminaba detrás, pegado al teléfono y revisando una lista en su tableta sin levantar la vista. En el pasillo lateral, a través del cristal de una de las salas pequeñas, un trainee repasaba el mismo movimiento de brazos frente al espejo una y otra vez, con la camiseta empapada en sudor.
En los pisos superiores la exigencia no era menor. BOYNEXTDOOR llevaba meses encadenando promociones, programas de música y sesiones de fotos sin un solo día libre en la agenda. La imagen espontánea y relajada que proyectaban en pantalla era el resultado de horas de ensayo repetidas hasta el cansancio.
Al final del corredor principal, la puerta de la sala número 3 estaba entreabierta. El retumbar del bajo de una pista de prueba hacía temblar ligeramente el marco de madera, acompañado por el chirrido inconfundible de los tenis contra el suelo de linóleo. Adentro, las luces ya estaban encendidas y el grupo repasaba por quinta vez consecutiva la parte más compleja de la coreografía de "No Genre", marcando los pasos a cuenta antes de que iniciara formalmente la agenda del día.
