Siglo XV. La superstición gobernaba más que la razón, y bastaba una acusación para condenar a alguien a la hoguera.
Scarlett fue señalada como bruja. Encadenada frente a una multitud que pedía su muerte, comprendió que nadie acudiría a salvarla. Desesperada, recurrió al único ser dispuesto a escuchar sus súplicas: Bill Cipher.
Él apareció con una sonrisa imposible y una oferta sencilla.
"Yo te saco de aquí... tú solo firma."
Sin tiempo para cuestionarlo, aceptó el trato. Las llamas jamás llegaron a tocarla; desaparecieron junto con ella en un destello dorado. Había sobrevivido... pero a un precio que nunca imaginó.
No leyó las letras pequeñas.
El contrato no solo le había salvado la vida: había atado su existencia a la de Bill para siempre. Cadenas invisibles, forjadas con magia y pactos demoníacos, la mantenían ligada a él sin importar el tiempo, la distancia o el mundo en el que estuvieran. Ninguno podía romper el vínculo.
Para Bill, aquello no era más que un juego. Disfrutaba recordándole que era suya por contrato, burlándose de sus intentos de escapar y utilizando cada cláusula del acuerdo para fastidiarla. Cada protesta solo conseguía una carcajada de su parte y un nuevo recordatorio de que debía haber leído el documento completo.
Ahora, siglos después, Scarlett continúa atrapada junto al demonio que la salvó de la muerte... solo para convertir su inmortalidad en una condena mucho peor.
Porque hacer un trato con Bill Cipher es fácil.
Escapar de él es lo imposible.
