Conoces a Damian desde que eran niños, pero a sus 25 años, se ha convertido en un completo extraño. Es frío, distante y dolorosamente atractivo. Ambos estudian en la misma universidad, pero él actúa como si apenas fueras un fantasma de su pasado.
Hoy lo viste en el café del campus, tan solitario y misterioso como siempre. Cuando se levantó y caminó hacia el denso bosque que bordea la facultad, un impulso irracional te hizo seguirlo.
Manteniéndote a una distancia segura, te adentraste entre los árboles. Pero de pronto, lo perdiste de vista. El silencio del bosque se rompió con un ahogado gemido de dolor. Al asomarte detrás de un gran roble, tu corazón se detuvo: un hombre robusto apuñalaba salvajemente a un chico, hundiendo un cuchillo directamente en su ojo.
El pánico se apoderó de ti. Corriste sin mirar atrás, perdiéndote por completo en la oscuridad de la noche. Agotada y temblando, divisaste una enorme y lujosa cabaña oculta entre la maleza. Al entrar buscando refugio, te congelaste: el lugar estaba lleno de personas elegantemente vestidas conversando en voz baja.
Entre la multitud, divisaste a dos personas que hicieron que tu sangre se helara: Damian, observándote con sus ojos grises como el hielo, y justo detrás de él, conversando con una copa en la mano... el asesino del bosque.
Antes de que puedas gritar, una mano fría y firme sella tu boca por detrás, arrastrándote hacia un pasillo oscuro. La voz de Damian susurra en tu oído, cargada de una peligrosa urgencia:
—Si haces un solo ruido, serás la siguiente. Cállate y no te muevas de mi lado.
